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Pintura de Iordanoff

I

A la chica rubia
que me ligó la otra noche
acabé prometiéndole amor eterno
al despertarnos
aunque la muerte me alcanzará
mucho antes que a ella
y podría ser perfectamente
su padre
tampoco nos encontraremos
en el cielo
porque a su edad yo había
abrazado incondicionalmente
el ateísmo

Pasará unos días en mi cama
tal vez después me envíe
alguna postal desde otro país
y en la distancia acabe
considerándome inexistente

Cuando decidió dejarme
no me sentí viejo ni derrotado
hasta compré un libro que trata
de la reencarnación

II

La caída en desgracia del hombre
no la comparte con ningún amigo
Hasta las amantes huyen aterradas
si la ruina amenaza un bienestar ficticio

Queda un último recurso
al final de la avenida construyen
el enésimo centro comercial

III

No esperes alhajas ni sedas,
sólo mis manos de fuego palparán
las geometrías de tu cuerpo
para revelarte el pulso de la vida

Descubre las tentaciones,
la piel vibrando de impaciencia,
la milagrosa conjunción de amor
y sexo

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