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Pintura de Edward Hopper

I

El amor no muere sólo cambia de lugar

y he aprendido sin esfuerzo el oficio

de encender hogueras y quemarlo

antes de dejar abandonadas sus cenizas

En la huída voy llenando el mundo de tristeza

sumando corazones rotos colgados de las perchas

y cierro el armario que me entregó la luna

olvidándolo en una vida aparentemente seductora

II

Te has desnudado y el deseo

no penetra en mi cuerpo

cerrándome todos los caminos

que bajan a tu vientre

cuando intuyo que ha llegado

el momento del suicidio

Perdí la voz

en el grito desesperado del aquelarre

negándole otras horas

a la bóveda de cristal de mi reloj

y te rechazo después de suplicarte

que me ames a escondidas

III

No hay nadie que te ofrezca amistad duradera

resuelta a vivir bajo la superficie turquesa del cristal

alimentándote de los pétalos salvajes del pan ácimo

Ha llegado la hora y sacudes tus manos temblorosas

arañando al sollozo más allá del sollozo

y expulsas al respirar el aire helado de tu corazón

IV

Ha llegado la hora

de destruir todos los relojes

y crear el mundo de nuevo

incluso sin usar el sol

Habrá que reinventar la electricidad

para saber que hemos agotado

los recursos naturales

e incluso de las tormentas caerán

rayos helados

que nos impedirán imaginar el fuego

Estamos desnudos y los últimos pájaros

arrojan pétalos negros

en el seco lecho del Amazonas

V

No entiendo tu desprecio

ni que me prohíbas penetrar

en tu letargo

o que puedas sentir las voces

de un peligro imaginario

en las noches infinitas del presente

Me siento confundido por tus dudas

de que te parezca natural

ir llenando los vacíos del amor

que se evapora

los recuerdos y la pasión

de un ayer aún reciente

por un odio tan inexplicable

como absurdo

Cuando mis palabras se inflaman

con las llamas de tu apatía

la impotencia es una piedra que golpea

hasta hacer que brote la sangre

en mis sentidos

y la soledad

en forma de agitado mar

me ahoga sin remedio

VI

Herido por el amor

que me vendiste realquilado

subo los peldaños

de las alucinaciones

con la desgana marcada a fuego

en el azul ultramar de la noche

A la luz adormecida

de un cine que me evade

del trastorno

la pasión se escapa

junto a la vanidad

hasta el lugar

en el que sepultas tus cadáveres

Tu silueta desde hoy

se niega a compartir

mi sombra

y te imagino en este instante

aferrada a un vaso de ginebra

en la terraza de un hotel de tránsito

Espera

no lo hagas

deseo formularte una pregunta

¿Te apetece pactar con el olvido?

Puedes volver

a compartir mis quimeras

si te miras curiosa

en el espejo ficticio que seduce tu vacío

muralla que se derrumba

con la incertidumbre de tus ansias

.

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