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Sin mezclarse con los sueños
la noche se desentiende de noctámbulos
que intercambian caricias,
con las manos cosidas
a unos cuerpos que declinan

Hemos resistido algunos años en una ciudad
sin poetas, pidiéndole a la vida sobrevivir
a pan y agua,
mientras el sanedrín de ancianos libaba
un vino caliente

Se alejan los cuerpos del sexo y queda
la lealtad, a la espera de que los médicos
emitan un diagnóstico que impregne de razón
la agonía infinita de los hombres

Pero todo podría ser bastante peor,
si no pudiésemos tener a alguien que nos ame
desinteresadamente

(De mi libro: Vivencias, Mentiras y algún matiz utópico)

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http://fernando-sabido.blogspot.com

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